Vaya por delante que para mí, las víctimas del terrorismo, y en concreto, por o que se refiere a este artículo, las de ETA, tienen todo mi respeto y considero que sus pretensiones y posiciones ante un posible diálogo con la banda son las más sensatas que se pueden mantener. Yo, de hecho, las comparto.
Digo ésto porque no me gustaría que mis palabras fuesen mal interpretadas o que alguien pudiera pensar que los socialistas han logrado convencerme o hacerme dudar sobre algunos planteamientos en lo referentes a las víctimas. Ellos son los primeros en manipular a los muertos y en traicionar su memoria y dignidad. Que quede claro. Pero yo soy un ciudadano libre y expreso mi opinión en consecuencia, sin necesidad de que esta tenga que ser compartida por el rebaño.
Dicho todo lo anterior, entremos en materia. Nadie duda de que el actual Gobierno socialista está intentando desactivar a este colectivo para tener vía libre para negociar con ETA pagando, como está haciendo ya, un precio político. Las víctimas contestan y celebran manifestaciones como la del próximo sábado que espero que sea un éxito. Además, el PP apoya la convocatoria y Rajoy estará allí, como miles de simpatizantes del PP. Pero atención, seamos cautos y no nos dejemos llevar.
Desde ciertos ámbitos se acusa al PSOE de lo que he citado dos párrafos antes, pero las víctimas corren también el riesgo de caer en lo mismo que critican. No sé si me explico. Que ellas, lícitamente, porque cada cual hace con sus muertos lo que quiere, pueden terminar siendo vistas, con más o menos razón, como elementos políticos.
Algunas ya se han puesto al servicio del PSOE. Vale, me parece algo repugnante, pero en fin, cada cuál sabrá lo que hace. Otras, pueden caer en la tentación de convertirse en políticas y empezar a sacar algún tipo de rédito, y es que hay una línea muy fina entre luchar por la dignidad y el respeto de las víctimas (o por cualquier otra causa) y empezar a sacar provecho de la situación. Y eso, a mí, ya no me gusta.
Las causas justas hay que defenderlas con ímpetu, desde las más profundas convicciones, pero con elegancia, sin caer en chabacanerías. Más que nada, porque esas cosas terminan deslegitimando y desvirtuando la causa inicial. Confío en que las víctimas sepan hacerlo así y no caigan en las numerosas trampas que tiene este camino.
En cualquier caso, ánimo y adelante. Estamos con vosotros.