Aún siendo cautos en todo lo que se refiere a procesos de paz en la zona, parece que esta oportunidad es la mejor de cuantas se han presentado.
Tras décadas de odio, rencor y de terrorismo palestino, por fin parecía que Sharon, con el apoyo del laborista Peres, había cogido el asunto con determinación y se decidía a cumplir con la Hoja de Ruta marcada por los Estados Unidos, la Unión Europea y la ONU.
Ahora, Sharon ha demostrado que son los palestinos los que no son realmente capaces de contener su ira y que, si la paz no es posible es precisamente a la nula capacidad de sus líderes y de gran parte de su pueblo para llegar definitivamente al entendimiento al que los dos pueblos están condenados a llegar.
Sharon, que fue el promotor de las colonias cuyo desmantelamiento está promoviendo, ha visto claro que Israel tenía que apostar fuerte en este proceso de paz y deslegitimar todas las voces, que surgían tanto desde Israel como, sobre todo, de otros países, que presentaban a Israel como la parte culpable, o al menos la más culpable, de este conflicto.
Ahora le toca a Palestina mover ficha y su líder, Abu Mazen contener a los grupos terroristas y evitar por todos los medios que Hamás gane las próximas elecciones, lo cual supondría un difícil escollo para la paz y un elemento más de desestabilización en el ya de por sí frágil liderazgo del líder palestino.
Por su parte, Sharon debe ganar las elecciones israelíes con su coalición de centro para poder seguir trabajando por la paz, pues sólo él, en coalición con los laboristas, pueden conseguirlo. A mi juicio, la actitud de Netanyahu es equívoca, y espero que así se demuestre en las urnas, pues el odio, no se combate con más odio, si bien es cierto que parece incoherente que quien mando contruir las colonias, ahora las quiera desmantelar.
Bueno, rectificar es de sabios, ojalá otros presidentes fueran capaces de hacer lo mismo, aunque cuando un país se desmembra, es difícil volver a pegar los trocitos.